27 de agosto de 2010

La Voz de Sopeña


La Asociación Cultural y Recreativa “La Nogalona”, de Sopeña de Curueño (León) acaba de sacar a la luz el número 15 de su boletín cultural “La Voz de Sopeña”, con el patrocinio de Caja España y coordinada por la periodista Eva González. Con este son ya dieciséis años los que cumple la publicación, que se suma a otras revistas referentes en esta zona del Curueño.
“La Voz de Sopeña” es un boletín anual, que se pone a la venta cada verano en el propio local de la asociación.
La edición 2010 cuenta con los relatos de una serie de colaboradores habituales, como es el caso de Ruth Juárez, Isidro González, Saturnino Díez y Jesús Díez. Rescatando la memoria del Curueño leemos en el número textos como el titulado “La cultura del lino”, de Laureano González, y otros que recogen aspectos sobre la tradición oral, traídos a estas páginas por Amancio Juárez. El número 15 ofrece una recopilación de artículos sobre la zona con títulos como “El valle de Ciñera”, “Sopeña 1960-1970” y una sección con relatos sobre el Curueño y sus gentes. Todo acompañado de una selección de fotografías, entre las que se encuentran algunas imágenes de antaño, recopiladas en el valle del Curueño por Eva González Baragaño.
La sección “El pueblo habla” trae consigo este año los textos de numero¬sos vecinos, que han puesto su granito de arena en este proyecto que, como otros que circulan por la zona, permite tener cada año en nuestras manos un variado compendio de la historia, los lugares y las gentes del valle del Curueño. Todos aquellos que quieran colaborar pueden dirigirse a la asocia¬ción a través del correo lavozdesopena@gmail.com.

17 de agosto de 2010

Fiestas 2010

Como es habitual, en la última semana de agosto, del 22 al 29, celebraremos las fiestas de La Mata en honor de San Martín.
Sobresale el corro de aluches, una tradición en nuestro pueblo desde hace más de cincuenta años, que supone mucho gasto para un pueblo pequeño. Pero la verdadera fiesta estará en los actos populares, como la ronda popular en el corral de las sopejas, los dulzaineros, el desfile de disfraces, los juegos de cartas, la comida popular en el campamento, el grupo de danza Los Cantarales de La Mata, la misa por los difuntos, la procesión de San Roque con el pendón de La Mata, las verbenas, ... y tantas otras actividades, sin olvidar el homenaje a nuestros mayores que cumplen 80 años, el domingo 29 de agosto, después de la misa. Este año corresponde homenajear a aquellos matenses nacidos en 1930:

JOSEFA BAYÓN GARCÍA. Nació el 26 julio y sus padres fueron Cayetano Bayón y Josefa García, naturales de S. Vicente del Condado y Barrillos de Curueño, (ella falleció al día siguiente). Labradores. Los abuelos paternos: Cornelio Bayón y Teresa Campos, de La Mata y Valduvieco; abuelos maternos: Emilio García y Cristina Robles, de Villamayor del Condado y de Barrillos, vecinos del mismo. Padrinos: Virgilio Bayón y Filomena Bayón. Testigos: Sergio Castro y Valerio Robles. Matrimonio en Sta. Marina la Real de León el 31 marzo 1955 con Pablo Díez Moro. Vive en Madrid.

ANTONIO RODRÍGUEZ CASTRO. Nació el 20 agosto. Es hijo de Ruperto Rodríguez y Mª Nieves Castro, de Pardesivil y La Mata. Labradores. Casados en La Mata y tuvo como abuelos paternos a Gregorio Rodríguez y Aureliana Redondo de Valderrueda y de Pardesivil; como abuelos maternos a Sergio Castro y Teresa Robles, de Barrillos y La Mata. Figuran como Antonio Llamera y Teresa Castro; y como testigos Sergio Castro y Adolfo Fernández. Se casó con Mª Rosario Sierra Álvarez, hija de Esteban y María en La Mata el 9 enero 1955, ya fallecida. Vive en León, pero pasa largas temporadas en La Mata.

MARÍA ROSARIO SIERRA ÁLVAREZ nació el 30 agosto, siendo sus padres Esteban Sierra y María Álvarez, ambos de La Mata y labradores. Los abuelos paternos fueron Rogelio Sierra y Florinda Castro, de La Mata; los abuelos maternos, Faustino Álvarez y Victoria Gutiérrez, de La Mata y Correcillas, vecinos de La Mata. Ejercieron de padrinos Félix Álvarez y Modesta Álvarez y como testigos, Francisco y Adolfo Fernández. Casada con nuestro vecino Antonio Rodríguez Castro, falleció en León el 7 de septiembre de 1975.

ARACELI CONSUELO LLAMERA RODRÍGUEZ. Nació el 7 diciembre. Es hija de Anilo Llamera y Mª Consuelo Rodríguez, de Pardesivil, labradores, casados en Pardesivil y vecinos un tiempo de La Mata. Sus abuelos fueron: paternos, Antonio Llamera y Antonia González, de Pardesivil y Pardavé; los maternos, Gregorio Rodríguez y Aureliana Redondo, de Valderrueda y Pardesivil. Tuvo como padrinos a Teodoro Fernández y Araceli Llamera, ambos de Pardesivil, y como testigos, Ruperto Rodríguez y Eladino Díez, de La Mata. Se casó con José Luis Fariñas García en la parroquia de S. José de León el 27 mayo 1953. Vive en León.

MARÍA DEL CARMEN GARCÍA CÁRMENES, hija de Amalio y Luzdivina, nació el 4 de octubre en Candanedo donde fue a dar a luz su madre, natural de allí, pero vivió su infancia y juventud en La Mata hasta su matrimonio el 17 de noviembre de 1951 con Nicanor García Largo en que fueron a vivir a La Vecilla.

MERCEDES GARCÍA PÉREZ nació en Avilés el 24 de mayo. Hija de Gregorio García Bayón, natural de La Mata y de Mercedes Pérez Álvarez, de Avilés. Desde niña ha pasado temporadas en el pueblo y, particularmente, desde su matrimonio con Celestino González Álvarez, Tino, el 3 de febrero de 1934, su casa de el Campillín ha acogido a su familia.

SALVADOR FERNÁNDEZ PRIETO, aunque nacido en Sopeña el 2 de agosto, por su matrimonio con nuestra vecina Mª Ángeles Fernández Castro, hija de Antonio y Ovidia, el 10 de septiembre de 1966 se considera como Hijo del Pueblo. Sus padres fueron Aniceto Fernández y Felicidad Prieto, vecinos de la citada Sopeña de Curueño. Viven en Madrid.

JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ DÍEZ nació en Robles de Torío el 10 de enero, siendo hijo de Juan, natural de Robles y de María Dolores, de Pardesivil, aunque vivió la infancia y juventud en La Mata junto con su madre y sus hermanos hasta que se trasladó a Bilbao para trabajar y donde se casó con Gloria del Valle Hortal el 8 de octubre de 1959; residen en la citada localidad.

MARIA LUISA BAYÓN CUERVO, aunque nacida en Veneros (Boñar), el 21 de enero de 1930, porque su padre trabajaba en la mina, pronto vinieron para La Mata, donde se crió con sus hermanos.

Comunidad de regantes

La comunidad de regantes de la "Presa grande" de Pardesivil y La Mata comunica en el tablón de anuncios la derrama a pagar por los propietarios de fincas para la realización del puerto para regadio.
También señala en otro comunicado "la corrida" de aguas para regar las parcelas de La Mata, dada la escasez de agua del río Curueño.

Celebración de Concejo

En el tablón de anuncios del Teleclub se ha convocado a los vecinos de La Mata para la celebración de un concejo el 15 de agosto, adomingo, a las 12 horas, para informar, entre otros, del estado de cuentas, obras realizadas y a realizar, corta de pinos y de robles, limpieza del cauce del río, inauguración de la Casa de Cultura y otros asuntos de interés general.

14 de julio de 2010

Boletín 118

Puntual a su cita trimestral llega nuestro querido boletín "La Mata de Curueño, un pueblo que nos une" después de 32 años. Se ha publicado el número 118 correspondiente al Verano 2010.
En las veinte páginas de la publicación se continúa el  amplio reportaje sobre la iglesia parroquial iniciado en el número anterior; tambien, como siempre, el relato pormenorizado de Mª Jesús Álvarez del discurrir de abril, mayo y junio de 2010 en el pueblo; se da cuenta del "Imbentario de las Alajas que tiene la Yglesia de S. Martín de La Mata de Curueño" realizado por el párroco D. Pedro González en 1851; Agustín Bayón, en Historias prestadas, nos habla sobre los motriles que conoció en el pueblo, ...
Conocemos los nacimientos, bodas, comuniones, defunciones y otros acontecimientos del trimestre. Asimismo encontramos el editorial sobre la vuelta al campo. Y más, mucho más.
También  incluimos la versión en pdf del boletín 118.

7 de julio de 2010

Historias prestadas

En el número 117 del delicioso periódico trimestral, nuestro querido boletin "La Mata de Curueño, un pueblo que nos une", recuerda Ruperto Rodríguez Castro sus años escolares, allá por los años cincuenta...
La escuela vieja
Mis años en la escuela se desarrollaron alrededor de los años 50. Se comenzaba a ir con 6 años y se permanecía hasta los 14, aunque algunos, como yo, nos íbamos antes para hacer estudios en otro lugar o les sacaban los padres para comenzar muy pronto la vida de trabajo ayudando en casa o haciendo de criado en otra.
Destaco algunas “historias” de mis pocos años en la escuela vieja y en la “nueva”, ya que me tocó estrenar la habitación que hizo de aula en la Casa del Maestro, que conocemos, ya restaurada, como Teleclub.
Jueves. Dibujo. Como siempre se me dio bien el dibujo, el primer recuerdo es para la clase que sobre esta actividad nos daba D. Delfino, del que guardo un buen recuerdo como del mejor de los maestros. Los jueves, al llegar a la escuela, tenía el encerado grande, que estaba en la pared al subir la escalera, lleno de dibujos que luego teníamos que intentar hacer. Con tizas de colores allí aparecían variedad de casas, castillos, paisajes, etc. según correspondiera. Me empeñaba en copiar lo mejor posible y disfrutaba de lo lindo guardando mis dibujos como algo que me gustaba mucho. Este afán me sirvió luego para mi actividad laboral.
Recuerdo con agrado, las clases de caligrafía, por el esmero que nos hacía poner para copiar palabras y textos con aquella letra “inglesa” que a tantos nos mejoraría la letra para nuestra escritura posterior.
Hoy, sin comer. Así nos castigó un día Dª Sebastiana cuando yo tendría unos 10 años, y Monse y Plácido, mis dos compañeros de alguna fechoría hecha aquella mañana; sería por no saber la lección o por hablar entre nosotros o por no obedecer algo que nos dijera. Así que se fueron todos a comer y nosotros a ver la forma de escaparnos.
Había en el exterior de una ventana como dos salientes de madera en forma de estaca (hasta este año aún resistían el tiempo) y aferrándonos fuerte con las manos, saltamos como unos tres metros. Luego, a comer corriendo y volver a estar dentro para cuando volviera la maestra. Alguien que no recuerdo bien (quizá Gaspar) acercó una escalera por la cual subimos.
Cuando llegó Dª Sebastiana nos perdonó y nos dejó “ir a comer”. Por supuesto que nos fuimos no a comer, claro, sino para hacer tiempo y volver antes de iniciar la clase de la tarde.
Recreos. Teníamos tan solo un recreo a media mañana, ya que por la tarde los juegos los hacíamos al salir de clase y antes de irnos para casa. Nuestro lugar era la Plazuela donde se sucedían, a lo largo del año, los diversos juegos de “temporada”.
Recuerdo el de “los cartones”. Nos hacíamos, como podíamos, con los billetes de tren minero o de La Vecilla e, incansables y con ganas, tirábamos contra la pared para ver quien los dejaba más cerca y ganaba, aumentado la colección propia. El calvo nos apasionaba, así como el marro y algunos más.
En los largos y duros inviernos “el resbalete” por el hielo y barro helados era lo nuestro. Por la tarde, nos íbamos a las Colineras, utilizando, sacos, nos tirábamos una y otra vez por aquellas laderas heladas. No nos hacían falta los trineos de ahora.
Titiriteros. En ocasiones, una o dos veces por año, se presentaban un grupo de titiriteros para representar ante los niños y mayores sus repertorio. Así que en la planta baja de la escuela, que hacía de bodega, carbonera y más, nos sentábamos en el suelo que era de tierra, bien apretados, y asistíamos, asombrados, al ensueño de las obras de teatro y de juegos que llevaban nuestra imaginación a lugares alejados de nuestro pueblo.
Realmente, era un día de fiesta aquellas sesiones. Lo que nos desagradaba mucho a los más pequeños era cuando anunciaban que por la carretera venían los “húngaros” que iban de un lugar a otro con algún animal y a veces paraban en la plaza.
Comer algarrobas. Aluna vez se presentaron en el pueblo un grupo de militares que conducían mulos y debían hacer prácticas de rastreo o de vigilancia por los alrededores o algo así. Estaban 10 ó 12 días ocupando la Plazuela del pueblo, dormían en pajares de las casas próximas y a los animales los ataban enfrente en la calle de la escuela. Lo que más disfrutábamos de la novedad era que los soldados nos daban a comer algunas algarrobas que traían como alimento de los animales. Como eran de sabor dulce conseguir algún “postre” de aquello nos suponía una buena aventura.
Con la regla en los dedos. Tengo buenos recuerdos de los maestros y maestras que tuve, pero de uno de ellos, que estuvo poco tiempo como sustituyendo a otro maestro, me viene a la memoria el daño que nos hacía cuando nos pegaba en los dedos de la mano con la regla, aun siendo muy pequeños. Ese dolor en las manos lo recuerdo muy vivo cuando pienso o hablo de aquellos años que, en general, fueron muy felices para gran mayoría.
Eran tiempos en los que aún perduraba aquello de “la letra con sangre entra”, pero, en la mayoría de las ocasiones, creo que nos pegaba no tanto por hablar o hacer trastadas o no estar atentos y alguna vez por no saber la lección, sino que nos “daba leña” a todos los alumnos, porque tenía un carácter como renegado y muy agriado. Esas costumbres de pegar hace tiempo que desparecieron.

1 de julio de 2010

25 AÑOS EN EL ARCA DE JUMAVI

En la Web de las Hijas de la Caridad San Vicente Paul, nuestros convecinos del Arca de JUMAVI hacen referencia a la celebración de los 25 años de los campamentos Jumavi en La Mata:
El año pasado, el Ayuntamiento de La Mata de Curueño, entregó a las Hijas de la Caridad una placa conmemorativa, agradeciéndoles los 25 años de su presencia en el pueblo con los campamentos de Jumavi. Pero, en realidad, el año pasado se cumplían los 25 años de un sueño, de un proyecto que nació entre dudas e ilusiones, y en el que trabajaron muchas personas.
Este año, celebramos que aquel sueño nació, creció y se ha hecho adulto, gracias a la colaboración de muchas personas: muchas Hijas de la Caridad, muchos Padres Paules, muchos jóvenes, muchos niños, e incluso algunos padres, hermanos, amigos, etc., dispuestos a colaborar en la medida en que las necesidades de unos y la generosidad de otros, no entraban en conflicto.
El 22 de mayo de 2010, ha sido una fecha emotiva, tanto para los responsables de su gestación, organización y desarrollo, como para los que nos unimos al evento, a disfrutar del cariño con el que fuimos convocados.
Fue una jornada llena de recuerdos, sentimientos y reencuentros. Y lo mejor de todo, la vivencia de COMUNIDAD. Todos los presentes, fueron y son personas importantes en la vida de JUMAVI: algunos lo fueron de sus esforzados principios (preparar el terreno, arreglar el anfiteatro, plantar y cuidar los árboles que ahora nos alivian con su sombra, acondicionar un tramo del río, la presa………); otros, lo fueron en la consolidación del proyecto (formación especializada, diversidad de actividades y servicios ofertados, mantenimiento de la finca y de la casa…………); y los más numerosos, de su presente, de mantener vivo lo que nació con tanto esfuerzo.
Pero, lo que más me impactó, fue que todos estábamos en nuestra casa, con nuestra gente, haciendo Comunidad. Yo, que viví especialmente sus principios, me impresionó ver que me encontraba igual de integrada y cómoda que en aquellos años, a pesar de no reconocer a muchos de los rostros que me rodeaban.
Muchas fueron las personas que al no estar presentes físicamente, estuvieron en nuestra memoria en algún momento del día. Y los que pudimos disfrutar de La Mata, estuvimos, todo el día, en la mente de aquellos que hubiesen deseado estar y no les fue posible.
La acogida, después de los primeros reencuentros, invitaba al recuerdo con una exposición fotográfica y una proyección de video, donde todos encontramos caras conocidas y anécdotas que compartir. Qué jóvenes estaban algunos y algunas… “¿Te acuerdas del Benagalbón que…?”, “mira, la velada en que….”, “…hay, madre mía, aquellas letrinas….”, “y en el soto, aquel año que…”, “qué hubiera sido de nosotros sin aquellas cocineras…”, “cuanto trabajamos en los montajes…”, “qué sonrisa tan bonita tenía…”, “mira, esta…”, mira aquel…”, “estoy en esta foto…”, “pues si ves las fotos que tengo yo de aquel día que…”. Y lo mejor de todo, una composición de cientos de rostros recortados de fotografías de carnet, que reunidos formaban las letras de ARCA DE JUMAVI. No puedo describir, la sensación tan hermosa que provocaba ver a las distintas generaciones, hacer comentarios tan parecidos.
La eucaristía fue un rastreo por la finca: Entrada bajo los balcones de la casa pequeña; lecturas bajo los árboles del anfiteatro; Evangelio y Consagración, en la capilla de la zona de acampada, junto al muro de piedra, y tras los sacerdotes, la cruz de cabuyería y la imagen de la Milagrosa. ¡Cuántos recuerdos!
En la comida, no faltó la tarta del 25 cumpleaños, y soplando las velas, al igual que en toda la jornada, las generaciones reunidas en torno a la mesa, compartiendo.
Y por supuesto, después bailando: Itiata, vamos a cazar leones, el tallarín, qué bien nos lo estamos pasando… nos lo estamos pasando tan bien…, todos los clásicos, como si no hubiese pasado el tiempo, y hubiésemos aterrizado 20 años antes en mitad de una velada de campamento.
Gracias, muchas gracias a todos los que habéis hecho posible este día. A todos los que ayudasteis a nacer El Arca de Jumavi hace 25 años, a todos los que arrimasteis el hombro con generosidad para que hoy sea lo que es, y a todos los que hoy la mantenéis viva.
A todos los que estuvisteis presentes en este 22 de mayo, a los que ya hace tiempo que no podrán estar jamás, y a los que les ha sido imposible poder asistir en esta ocasión, a todos necesitamos, con todos compartimos, y de todos es el contenido de esta gran Arca. Y de todos, reunidos en torno al Espíritu, esta Comunidad de Fe, alegre, sencilla y viva.
                                                                      Geli Gea. Profesora del “Arca de Jumavi”

19 de junio de 2010

Jose del Riego

La web del pintor matense Jose del Riego ha cambiado de dirección y presenta nuevos cuadros relacionados con La Mata.
La Mata
Nacido en Oviedo, Jose del Riego tiene su estudio de trabajo en La Mata de Curueño y nos deleita con sus pinturas al pastel. El disfrute con el pastel, con su inmediatez como técnica pictórica, con su luz cálida y sus colores intensos y puros, ha hecho de José del Riego un convencido entusiasta de esta técnica injustamente desconocida en España. Miembro desde 2006 de la Asociación Internacional Art du Pastel en France, ha sido el promotor de la Asociación de Pintores Pastelistas Españoles, ASPAS, de la que es uno de los miembros fundadores, y su y actual Presidente.
Verano en el Soto
José del Riego cultiva casi todas las temáticas: el paisaje, el retrato, la figura (figura humana, animales, flores, naturaleza muerta), buscando no encasillarse en una única temática. Su objetivo declarado como pintor: transmitir la belleza y el amor a la vida.

El huerto de Simón
calle Real
La cuadra de Felipe
Colás
El pozo de la olla

9 de junio de 2010

El Corpus en La Mata


Además de el Corpus, con altar en la calle incluído, se celebraron las primeras comuniones de tres niños (Alvaro, Raquel y Thais), y eso sí que es un acontecimiento (gracias M. Amor)

2 de junio de 2010

Nos leen...

... en Japón. Hemos recibido un mensaje de Yukiko. Yukiko dijo...

Hola. Soy japonesa, me llamo Yukiko. Estudio literatura española, sobre todo las obras de Julio Llamazares.
A través de la novela de de J.Llamazares, El río del olvido, me he encontrado este pueblo, La Mata de Crueño, y su blog.  Me gusta mucho leer artículos del blog. Tengo interés de la vida y la cultura del mundo del Río del olvido.
(Disculpe mi mal español.). Hasta luego.

Gracias Yukiko. Nos das ánimo para continuar.

El río del olvido relata el viaje a píe que realizó Julio Llamazares en el verano de 1.981 a lo largo del curso del río Curueño, "el solitario y verde río que atraviesa en vertical el corazón de la montaña leonesa", comenzando en Ambasaguas, donde el Curueño se une al Porma.
Cinco son las páginas dedicadas en el libro a La Mata, donde se narra el encuentro con un hijo del pueblo como fue Eufemiano Díez González "el topo de La Mata" y donde Julio Llamazares recuerda que el apellido de La Mata de Curueño es importante, pues en el mismo río, aguas arriba, hay otra Mata, La Mata de la Bérbula, cercana a La Vecilla, de donde desciende y donde pasó son veranos infantiles y aún sigue veraneando.
Narra que llegó al pueblo a las cuatro de la tarde y no encontró a nadie, aplastadas sus gentes por el peso de la siesta. Después de refrescarse en el chorro de la fuente de la plaza (por eso se dice "Si vas a La Mata lleva pan que agua te la darán") el viajero encuentra a un hombre sentado a la puerta de su casa. Es Eufemiano Díez, un fantasma que vigila las calles de La Mata desde que en 1.937, regresará al pueblo desde el frente del monte Naranco, en Asturias, donde había combatido con los rojos, huyendo de la guerra, para esconderse durante diez años en una fosa de unos dos metros de largo y ochenta centímetros de ancho, como una sepultura, excavada en la cuadra de su casa y que era tapada con unas tablas y con abono por su padre. Diez años enterrado, saliendo unicamente de noche para comer y estirar un poco las piernas, cuando los guardias no estaban al acecho.
- Hay que vivirlo, para saber lo que es estar diez años enterrado, sin poder ponerme de lado porque pegaba en el tablero, solo pudiendo estar boca arriba o boca abajo. Pero lo peor era el calor, pues aunque cuando entierran a alguien en el pueblo la gente dice que menudo frío que tiene que estar pasando, no se pasa frío, no; calor, calor es lo que se pasa bajo tierra, calor y humedad.
- Cuando me entregué a la guardia civil en 1.947, en el cuartel de Pardesivil, un cuartel que habían puesto para mí, yo que nunca hice daño a nadie y la prueba es que me juzgaron y me dejaron libre, la gente salía a ver a un rojo, un rojo que era blanco como un muerto, después de tanto tiempo enterrado.
Femiano -a la derecha- junto a su hermano Marcelino, su esposa Alberta, su sobrino Carlos y el Navarro, en 1971, a la puerta de la casa familiar de La Mata