19 de agosto de 2008

Los ojos del Curueño

La Crónica de León
Los ojos del Curueño. La ruta de los puentes ofrece la posibilidad de ver siete en 15 kilómetros
Encontrar siete puentes de origen medieval y romano a poco más de treinta kilómetros de León y en un paraje espectacular es todo un privilegio.
Fulgencio Fernández. Valdelugueros


Pocos lugares habrá que ofrezcan la posibilidad de contemplar, de disfrutar, de siete puentes de origen romano y medieval (aunque siempre se dice que romano ya no queda ninguno, tan solo algunos restos) en apenas 15 kilómetros de carretera. Y si existen estos lugares es difícil que hayan tenido la preocupación de restaurarlos todos para ofrecer al viajero una ruta de los puentes. Esto ocurre en el río Curueño, nace en tierras de Valdepiélago (donde está el Puente de los Ahorcados y sube hasta las tierras altas de Valdelugueros, donde se cierra la ruta con el Pontón de la Vega Coruñón sobre Redipuertas. Por cierto, este Pontón es de los que más ‘factura’ romana tiene de toda la provincia, seguramente por ser sólo un pontón, de un solo ojo y muy robusto.

El primero de ellos, el de los Ahorcados o puente de los Verdugos, está entre Nocedo y los caseríos de Valdeteja y es el más polémico de todos por su cuestionada restauración. Los otros seis son: Puente de Villarín o la Puente Mocha (romano), pontón de Villarías (R), el de Lugueros (medieval), Campos de Lugueros (M), bajero y cimero de Cerulleda (M) y el citado de Redipertas (R). Merece la pena el viaje.

23 de julio de 2008

Boletín 110

Puntual a su cita trimestral ya está impreso, en su edición de papel, el número 110 de la Revista trimestral "La Mata de Curueño. Un pueblo que nos une" correspondiente al Verano de 2008.
Como siempre el incombustible Miguel Fuertes y un nutrido grupo de colaboradores nos ofrecen los aconteceres del querido pueblín. Así Mª Jesús Álvarez nos relata pormenorizadamente el discurrir de estos meses de primavera de 2008: en abril se vacunaron las vacas y aunque el mes comenzó con la sequía acumulada durante el invierno, las intensas lluvias originaron prados encharcados y el río Curueño con gran caudal; en mayo se celebró san Isidro labrador, con una comida de cuarenta personas en el bar restaurante Las Colineras, se tiraron dos plantíos y siguió lloviendo y con frío y en junio, no se pudo celebrar la procesión del Corpus, por la lluvia, pero si la hoguera de San Juan, junto al bar.
Además nos da cuenta del catastro de Ensenada, de 1752 y de la instalación de una fuente nueva en la plaza de Las Nogales, que se une a las tres existentes en las plazas del Campillín, de Felipe Fernández y de la Rinconada y que mantiene el dicho popular "Si vas a La Mata lleva pan, que agua te la darán", así como el nacimiento de Leo, varias bodas de oro y plata, la primera comunión de Guillermo y que Plácido se va al Perú, a trabajar en el centro de estudios teológicos de Trujillo.
En el apartado de Faenas del campo, Agustín nos comenta sobre la siembra y la escavadera; en Rincones mágicos, Anita nos habla de los pozos de pesca en el río Curueño a su paso por La Mata y Plácido realiza una entrevista a Felipe Muñiz, un matense en Méjico.
Asimismo encontramos el editorial sobre la hacendera ... de jubilados y la última página sobre los concursos populareso, escritos de Miguel Fuertes.

En Internet se puede encontrar la edición electrónica del número 110 del boletín trimestral "La Mata de Curueño. Un pueblo que nos une" cliqueando en el enlace, así como las revistas publicadas en los últimos siete años.

8 de julio de 2008

La Presa grande

Con este nombre se conoce a una de las presas nacidas del caudal de nuestro río Curueño. Presa de tierra -presa "grande" o presa "madre"- que distribuía el agua para regar los campos hasta el último rincón, por medio de una red de acequias y presas "fasceras", así como para mover ruedas de molinos harineros y de linaza. Su origen arranca en el tiempo a mediados del s. XVII y su localización en el puerto de La Cibriana.
La compraventa documentada dice que "los vecinos de Sopeña Juan de Canseco y Cruz Reinoso al Concejo de Pardesivil y a Alonso Rodríguez, regidor de dicho lugar, les venden terreno para que puedan sacar y abrir una presa principal de agua del río caudal...
Esta presa ha de tener ocho pies de ancho (unos 2,25 metros) y la finalidad de la apertura es para regar las tierras labrantías, los prados, los lineros, para moler en molinos harineros y de aceite de linaza. La venta se hace sin estar sujetos los nuevos propietarios a ningún género de fuero, censo o tributo alguno. Por lo que se vende con todos los derechos de entradas y salidas, servidumbres, usos y costumbres". Se recomienda que al abrir la presa, hacerla y limpiarla, no se cause daño a aquellas heredades más de lo justo y necesario para esas tareas.
El precio pactado por esos terrenos fue de nueve ducados de "buena moneda" de vellón cuya cantidad dio y pagó Alonso Rodríguez en nombre de los vecinos y concejo de Pardesivil, a la vez que recibieron la carta de venta y enajenación perpetua de estos terrenos de heredades. El otorgamiento de venta y renuncia a todos derechos por parte de los vendedores "se hace ante el escribano público en el lugar de Otero, concejo de la Encartación de Curueño, el 10 de febrero del año mil seiscientos cincuenta y cuatro años, siendo testigos de ello Juan Fernández y Domingo Fernández, vecinos de dicho lugar, y Domingo Lapies, de Valdepiélago, juez de dicho concejo; los otorgantes Juan de Canseco y Cruz de Reinoso; Juan Arintero fue el escribano público del número y concejo de la Encartación de Curueño, por el señor nuestro Rey, presente al otorgamiento de esta carta de venta juntamente con los testigos y otorgantes".
La apertura de la presa fue fundamental para la agricultura de los términos de Pardesivil y parte de La Mata a partir de la fecha citada, es decir, ya para tres siglos y medio. Con el tiempo se fueron haciendo nuevos regadíos con la realización de presas y de acequias secundarias llegando a regarse una superficie considerable de tierras de La Mata. A su vez, se va intensificando y ampliando la clase de plantas cultivables, el ritmo y el sistema de producción agrícola.
Se conoce también a esta presa con el nombre de "la presa de los molinos", ya que también fue esta finalidad su apertura. De algunos de los molinos que existieron se tienen referencias documentales y de vecinos, y de otros a través de topónimos que se conservan en los términos vecinales de ambos pueblos. Eran molinos pequeños, de una rueda o de dos, excepcionalmente, harineros y de linaza y que molían granos de cereales, semillas de lino, bellotas, etc., colocados tanto en el cauce de la presa grande como en las secundarias. Podían ser de propiedad particular, pero la mayoría pertenecían a grupos de vecinos asociados, cuyos derechos de molienda se reducían a unos días u horas determinadas según el número de participantes. Estos derechos se adquirían por derecho, por compra o por herencia (sistema de turno). En referencias concretas de algunos se dice: "El molino de Antonio Llamera y consortes", entendiendo por estos como los "asociados". En la segunda mitad del s. XIX la utilización de moler un día se estimaba en dos reales.
En el término de La Mata se habla de los molinos "de Arriba", "del Medio", "de Abajo", "de la presa del Caballo", "del de junto a la Iglesia" y, quizá, hubiera más cuya "pista" se ha perdido; puede ser que alguna de estas denominaciones correspondan al mismo. Con el perfeccionamiento de los mecanismos de los molinos su uso se amplió a la serrería y a la producción de energía eléctrica, como la conocida "fábrica de la luz de La Mata", de la familia de Plácido Fernández, ahora casa de Donato Panera, situada en el camino de El Soto.
En La Mata, la continuidad de esta Presa son las denominadas de Las Secadas, que discurre en línea con la carretera y sirve para regar las eras y huertas próximas, y la de El Caballo que atraviesa el Vago, las cuales permanecen junto a las nuevas acequias, realizadas hace años para la concentración parcelaria. Además, en los términos de La Mata existe una "presa madre", como es la que se inicia en El Soto, sigue por Sopresa, La Cañada y el Prado de la Iglesia para finalizar por el Sotillo. Más moderna es la llamada “Presa nueva” o “ De las Fuentes” que lleva agua hacia el regadío de Sta. Colomba.
Anastasio Alonso Gutiérrez , en "La Mata de Curueño, un pueblo que nos une", nº 88, navidad 2002

25 de junio de 2008

Nada partidarios

Nada partidarios, la actualidad más divertida, de lunes a viernes a las 21:30 horas en INTERECONOMIA TV, a través de la televisión digital.





21 de junio de 2008

Castillos del Curueño

Desde la primera Edad Media el territorio leonés estuvo erizado de castillos y torreones, mudos testigos de su valor estratégico. En las cercanias de La Mata de Curueño, junto al Castillo de San Salvador en Santa Colomba, existían una serie de torreones de vigilancia, en las laderas dominantes, como el propio de La Mata o el de Pardesivil. En bastantes pueblos de la comarca se mantiene el topónimo de ´El Castillo´, que corrige los olvidos del tiempo, reducidos a ruinas.

En Fundación Saber. Biblioteca leonesa virtual encontramos interesantes informaciones sobre nuestra tierra. Entre ellas, está Castillos de León que dedica un capítulo a los castillos del Porma y el Curueño. 

Los castillos de Aviados y Santa Colomba de Curueño
Aviados es el lugar de nacencia de los Guzmanes, la otra casa poderosa de León, enemigos sempiternos de los Quiñones.
Aviados significó «a-via», descaminado, a la vera de la antigua calzada romana que subía por La Valcueva. A la subida, junto a la Collada existía el monasterio de Templarios de Cavatuerta, que tenía derecho de presentación de los párrocos en Carmenes.
El castillo se asentaba sobre un promontorio calizo que domina la aldea. Cuando los moros abandonaron Aviados, en agradecimiento se levantó la ermita de San Jorge. Aún marca la tradición el aljibe que los agarenos habían construido en la parte alta. Cuéntase que la fuente era intermitente, aumentando de caudal por la mañana y disminuyendo par la tarde, y junto a la fuente se hallaba la ermita.
En Aviados residió a temporadas la reina Doña Urraca.
El castillo fue destruido por don Pedro I el Cruel y aunque reedificado más tarde volvieron a desmocharlo definitivamente los Reyes Católicos, en su afán de romper las cabeceras de las torres para dominar la nobleza levantisca.
Carlos I también atentó contra este castillo por haber capitaneado los Guzmanes a los comuneros leoneses.
Desde este castillo se hacían señales de humo para entenderse con el castillo de San Salvador en Santa Colomba de Curueño, castillo del siglo X, que resistió hasta comienzos del XIX.
El acceso al castillo de San Salvador era hartamente difícil; no tenía camino; si se entraba por la parte posterior del promontorio, por el boscaje de encinas es tan espeso que en mi caso me deshice la ropa. Por la parte anterior del cerro había que subir pecho arriba en un largo tramo ya erosionado por el aluvión que no había dejado sendero.
 Restos del castillo de San Salvador, cara oeste, de unos 23 metros de longitud
  Restos del castillo de San Salvador, cara este, de unos 33 metros de longitud
En uno de sus lienzos se apreciaba bien que había sido aprovechado para construir una ermita, la de Santa Ana, que había tenido culto hasta comienzos del siglo XX y sus ventanas eran saeteras del antiguo castillo. Ahora se ha remozado la ermita, tiene culto en fechas señaladas y se ha practicado camino de acceso.
Los restos que quedan del castillo son abundantes, todos ruinosos pero grandes y fuertes paredones casi recubiertos de boscaje. La superficie era amplia de gran panorama. Como el de Aviados, también había sufrido la avalancha de la morisma.
Citas históricas
El 12 de octubre del 951 Ordoño III concede a la iglesia de León y a su obispo don Gonzalo el castillo de San Salvador junto al río Curueño, con sus mandaciones y los hombres que las sirven, aguas arriba del Porma.
El 13 de octubre del 999 Alfonso V de León y su madre Elvira donan al obispo Froilán de León, en cuya iglesia de Santa María lo ungieron rey, el castillo de San Salvador de Curueño, con sus mandaciones y la villa de Petrunio (Pedrún), junto al río Torio y Ferreras de Vegamián.
El 19 de septiembre de 1012, después de la muerte del obispo Froilán, hubo guerra entre cristianos. El alcaide del castillo de San Salvador se inclinó por el bando de García Gómez, que estaba entre moros, por lo que los partidarios del rey tomaron el castillo. A los pocos días el rey Alfonso V se reunió con los suyos en Sahagún y donó al obispo Nuño el castillo de San Salvador.
El 13 de octubre de 1132 Alfonso VII dona a la iglesia de Santa Maria de Regla de León y a su obispo Arias, el castillo de Curueño con sus propiedades en remedio de su alma.

El torreón de La Vecilla
Se conserva su torre medieval con ventanas de grandes sillares y construcción de mampostería; su factura es cilíndrica.
En 1586 se publicó en Salamanca el libro «León de España» de Pedro Vecilla Castellanos. Don Maximiliano González Flórez, el historiador de Los Argüellos, ha buceado sobre este autor del siglo XVI y resulta que era de La Vecilla, que allí tenía su casa solariega con castillo y torreón y sería un gran conocedor de esta montaña del Porma y el Curueño.
Años atrás este torreón se utilizó como cárcel municipal, donde algún pequeño desviado de bajos delitos tenía que pernoctar por pocos días.
El alguacil que los custodiaba solía sacarlos, socarronamente, para que no se aburrieran y tomaran el aire y los llevaba a arrancar lentejas y por la noche los volvía al catre.
El torreón está hoy muy restaurado y le da cierto empaque de belleza a la plaza. En este torreón se había guardado un acopio de varias toneladas de documentos relativos a toda la etapa política del franquismo, que han pasado ahora a ser clasificados y custodiados en el Archivo Histórico Provincial.

El castillo de Otero de Curueño
Bajando por un camino serpenteante que se adentra por el poblamiento nos damos a mano con una torre reconstruida y remozada de blanca piedra caliza. Es la casona de los Tovar, de aquel don Francisco de Acevedo, señor de la casa de Otero que figuró de político en las Cortes de Cádiz.
En la fachada del castillo, situada al oriente, campean los escudos de los Acevedo y hay uno, amplísimo, sobre la portada y sostenido por dos leones muy similar al de la casa del marqués de Lorenzana, en la calle Serranos de la capital.
La insignia de los Tovar son los dos dragones con la banda que enlaza de boca a boca. El escudo refleja armas de los Tovar y los Quiñones, y es uno de los más elegantes que se hallan en la provincia.
El interior del palacio se ha ido acomodando a las labores propias de una casa de agricultores y ganaderos, sus paneras, sus cuadras, corredores, palomar y corral, portalada y vivienda. Es un castillo-palacio majestuoso, de finas líneas y estilo arquitect6nico renacentista que ennoblece estos bellos predios de la montaña.
La torre de Valdelugueros
Otro baluarte defensivo para el acceso al puerto de Vegarada era la torre de Valdelugueros. Lo que fue edificio torreado es hoy la casa consistorial del Ayuntamiento. Hay muchas casas con escudos nobiliarios en esta villa. Esta zona de Valdelugueros constituye una de las tres Tercias que formaban la comarca de Los Argüellos, con calzada romana que aún se aprecia por el angosto paso de las Hoces de Valdeteja. Las tres Tercias enviaban a sus jueces y hombres buenos a la reunión del concello de Los Argüellos, lugar no bien diferenciado si era en la collada de Genicera o en la de Cármenes, puesto que hemos hallado documentación que tanto aboga por una como por otra collada.

El castillo de Montuerto
Se halla asentado entre Montuerto y Nocedo de Curueno. No quedan más que ruinas: La pared del cementerio pertenecía a la ermita de Santa Engracia, con nacientes arcos que aún se conservan. El castillo ocupaba todo el montículo denotando sus paredones una fuerte construcción, de gruesos muros, que también resistió los embates agarenos. El acceso más fácil es por Nocedo, que casi se llega en coche hasta la cima. Por Montuerto la subida es mas pronunciada y escarpada.
Se le cita ya desde Alfonso III el Magno porque su mujer, Jimena la navarra tejió en este castillo junto a sus hijos la conjura del destronarniento del monarca, obligándole a repartir la corona entre tres de sus vástagos. Otra versión dice que la conjura se tendió en Gobiendes de Asturias. Alfonso IX cedió este castillo en dote a su mujer Doña Berenguela.
También perteneció en tiempos de Carlos I al comunero leonés Don Ramiro Núñez de Guzmán, señor de Toral de los Guzmanes y Aviados y también sufrió el castillo las iras del rey. Por los pies del castillo fluye el río Curueño y frente a la mole fortificada, en la otra falda del valle, cae el arroyo de Valdecésar en una cascada de irisaciones cromáticas, bajando desde Valdorria, donde quedan los restos del cenobio de San Froilán. Este castillo guardaba el paso al puerto de Vegarada y aún quedan restos visibles de la antigua calzada romana.

18 de junio de 2008

Diputación invierte 242.000 euros en Santa Colomba y Vegaquemada


En el Diario de León del 18 de junio de 2008 firmado por José A. Barrio Planillo, corresponsal en Santa Colomba, se recoge la visita de la presidienta de la Diputación de León a nuestro municipio para anunciar nuevas obras, entre ellas la reparación del puente de los Escabales.

"El tablero del río Curueño en La Mata se reparará. La presidenta de la Diputación Provincial, Isabel Carrasco, aseguró ayer en su visita al municipio de Santa Colomba de Curueño, que en las próximas semanas se iniciarán las obras de reparación del tablero del puente sobre el río Curueño en la localidad de La Mata. Este importante proyecto por su urgente actuación, tendrá un coste de 42.000 euros y será financiado al 50% por la Diputación y el ayuntamiento."


"La primera fase de la carretera entre Vegaquemada y La Ercina costará 2,4 millones de euros. La cuantía económica servirá para la mejora de carreteras y renovar los servicios básicos .
La presidenta de la Diputación Provincial, Isabel Carrasco, visitó ayer las localidades de Santa Colomba de Curueño y Vegaquemada para anunciar una inversión de 242.000 euros que servirán para la mejora de la carreteras y de los servicios básicos de pavimentación, saneamiento y renovación de redes de abastecimiento de agua en ambos municipios. La primera visita institucional se hizo en el Ayuntamiento de Santa Colomba de Curueño donde la presidenta de la Diputación anunció que en breve se sacará a concurso la instalación de un reemisor de televisión digital terrestre por un importe de 70.000 euros. Una nueva instalación que permitirá dar cobertura de televisión a las localidades de Santa Colomba, Gallegos, Ambasaguas y la Mata de Curueño, Barrio de Nuestra Señora, Devesa, Barrillos, así como a Cerezales, Villanueva, Vegas, San Vicente y Castro del Condado.

Isabel Carrasco indicó que en los dos últimos años las inversiones realizadas por la Diputación en el municipio de Santa Colomba ascienden a 387.148 euros, de los que actualmente se están ejecutando la pavimentación y renovación de redes de agua. Además, los planes provinciales contemplan una partida de 60.000 euros para una obra de abastecimiento y saneamiento en Barrio de Nuestra Señora, una cifra que se suma a los 30.000 euros que destinará la Diputación a pavimentaciones con cargo a los remanentes del Fondo de Cooperación Local del 2.008.

La alcaldesa de Santa Colomba, Avelina Martínez, valoró positivamente el esfuerzo inversor de la institución provincial y agradeció la visita de la presidenta, aunque también reivindicó otras obras de telefonía movil, acceso a internet, construcción de depuradoras y la construcción de un geriátrico.

Por su parte, la visita institucional posteriormente al muncipio de Vegaquemada, Isabel Carrasco anunció una subvención de 110.000 euros del Fondo de Cooperación Local para la renovación, ampliación y mejora de servicios básicos. Además, la presidenta indicó que la primera fase de la carretera entre Vegaquemada y La Ercina, que supondrá una inversión de 2,4 millones de euros se incluirá con cargo a los fondos del Plan de Carbón. La Diputación ha invertido 497.000 euros en Vegaquemada en los dos últimos ejercicios."

2 de junio de 2008

INVENTARIO DE BIENES


Como testimonio de la realidad que vivían nuestros antepasados, se trascribe, literalmente, un documento de 1883 que expresa los bienes y deudas que se registran al fallecimiento de un vecino, con el fin de repartirlos entre sus herederos y otras personas. Así se formaban las denominadas hijuelas y, en su caso, los donados. Para disponer de una mejor información sobre algunas palabras y abreviaturas utilizadas se indica su significado al final de la trascripción. Algunas han aparecido ya en “Diccionario Lugareño”, hermosa página del Boletín.

"Ynbentario de los bienes que aparecen del finado Jacinto de Castro Fernández, vº que fue de este de La Mata de Curueño, y en la forma siguiente:
Cocina
Un candil sin candileja tasado en medio real
Trevedes unas trevedes pequeñas en dos reales y medio
Escaño un escaño grande viejo tasado en seis r.
Tarima una tarima de cama vieja sin cordeladura tasada en tres r.
Otra una tarima de cama sin cordeladura tasada en cuatro r.
Escañil un escañil de roble amedio uso tasado en 06 r.
Pote un pote grande sin cobertera tasado en 16 r.
Cedazos dos cedazos en vuen uso en ocho r.
Vasales dos vasales viejos tasados en dos r.
Pala una pala de horno y varillas de cerner en nueve r.
Emina una medida de emina vieja tasada en 02 r.
Masera una masera de chopo en buen uso con tapadera en treinta r.
Tavurete un tavurete en mal uso tasado en 01 r.
Coral un arado en vuen uso con su reja tasado en 16 r.
Vrazuelo un vrazuelo en mal uso tasado en cuarenta r.
Vanco un vanco de chopo en dos r.
Sarten una sarten pequeña en dos r.
Vandas ocho vandas de yerro viejo a cinco cuartos livra importan diez y ocho r.
Sarten una sarten grande amedia uso en cuatro r.
Cazos dos cazos uno grande y otro chico ambos rotos en 02 r.
Sierra una sierra grande con su cavrita en cuarenta y cinco r.
Acha una acha en mediano uso en diez y seis r.
Armante un armante de yerva en mediano uso en seis r.
otro armante del monte en dos r.
Vieldas seis vieldas de madera de chopo tasadas en doce r.
otros cuatro cachos de madera de nogal en 4 r.
un eje de negrillo tasado en ocho r.
Cestillo de vilorta blanca en un r.
Otra otra cesta de vilorta por manchar en un r.
Otra una cesta de paja en un r.
Escovo un escovo en vuen uso en medio r.
Cuarto en el cuarto una horca a medio uso de chopo 40 r.
Otra otra horca mas vieja en mal uso en veinte y cinco r.
Mesa una mesa de chopo en mal uso en seis y medio
Cambas dos cambas de nogal en seis r.
Escriños dos escriños de paja el mayor en tres r. y otro en dos
Caldera una caldera de cobre en mediano uso en catorce r.
Pote un pote con su tapa en seis r.
Tarima una tarima de cama sin su cordeladura en 5 r.
Espadaderas dos espadaderas una con manojo y otra no en 3 r.
Ozes dos ozes en cuatro r.
Horca una horca vieja de chopo tasada 16
Troja una troja de paja en mal uso 04 r.
Orca una orca titulada del avono espedazada 03 r.
Cesta una cesta de paja tasada en 03 r.
Talegas dos talegas en cuatro r.
Caldera una caldera mediana en mal uso en 08
Llugo un llugo con sus cornales y melenas en diez y ocho reales
Pala una pala del avono en tres r.
Vareno un vareno y un escoplio viejos en 01 r.
Avono dos carros de avono en doce r.
Colmenos dos colmenos uno el de roble en veinte r. y el de paja en diez y seis r.
Ocil un ocil viejo en cuatro r.
Azada una azada grande en seis r.
Pan en grano seis eminas de pan de centeno tasado en 60 r.

Suman los muebles 553 r

Vienes- una tierra regadía a las suertes cavida de dos eminas, que linda al Saliente presa
Mayores mayadera Mª. Erederos de D. Pedro Gonzalez Pte. Erederos de Tomas de Robles y Nte. con tierra de Teresa García vecina del Campo Solillo tasada en tres ciento
Praderío una guerta a las guertas grandes cavida de Cinco Celemines linda Ste. Presa grande Mª. Herederos de Isidoro Robles Pte. casa de Tomás de Robles y Nte. con guerto de Jose Diez tasada en quinientos r.
Praderío una guerta llamada la de ariva cavida de tres Eminas linda al Ste. con Gabriel Fernández, Mª con Narciso Tascón y Juaquin Moran Pte. Y Nte. con Franco. Pedro García tasada en mil tres cientos r.
Casas una cocina con lo que la cierra por encima cubierta de teja con las entradas que tiene hoy en el día tasada en 100 r.
Portal un portal de puertas con el cuarto que está en cima y el corredor de en frente tasado y cuerto todo con la en trada a costumbrada que tiene hoy en el día en trescientos cincuenta
Pajar un pajar y estavlo cubierto de teja en 400 r. que toda la Casa linda al Ste. con GFbriel Fernández vº de este, Mª. calleja servidera Pte. con Estevan de Robles y calle publi ca Nte. Pedro Fernández vº. en Pardesibil
Madera ocho chopos en la guerta de ariva a cuatro reales cada uno importan 32 r.
seis negrillos en la misma a seis reales cada uno importan treinta y seis r.
Dinero Se ynventaran nobenta reales que hay a favor de este capital 090 r.
yd Se agrega a este capital ciento veinte r.
Suma el Total 4381 =
Vª B Suman los vienes anotados en este cuerpo de vienes la Cantidad de Cuatro mil tres cientos ochenta y uno r. que rebajados
Nueve cientos reales que resultan en contra de este Capital quedan áfavor de los Erederos
Tres mil cuatro cientos Nueve. Sin perjuicio de revajar y a gregar si en fabor u en contra resultase salbo error de pluma u suma, asi lo firmamos los interesados en union del Contador hoy día seis de mayo de mil ocho cientos ochenta y tres =
Son Tres mil cuatrocientos nueve r._____ 3409
Manuel de Castro Jose de Castro Testigo por Mateo Bayón
Matías Bayón Lazaro de Castro Manuel Lopez

Seguidamente yo el Contador con asistencia de los interesados pasamos a formar las yjuelas a los Erederos en la forma siguiente..."

(Siguen anotadas las hijuelas 1ª de Martina Castro, 2ª de Manuel de Castro, 3ª de Jacinto de Castro así como el donado dejado en testamento a Madalena Diez. También se realiza la Hijuela de Deudas que se transcribe por su interés y para conocimiento)
"Hijuela de Deudas
Primera mente al Señor Cura de intierro y oferta 160 r. de responso el dia del ytierro 020 de cera blanca y amarilla 070
al Señor Cura de pardesibil que asistio al intierro 020
de Gasto con la Cofradía y el dia del intierro 060 de veinte misas comunes 080
de Cuatro misas votivas 020
al Calderero Jose 090
a Celestino Fernández de Lugan 090
de la contrivución del año 83 080
de la contrivución de Sebes 008
de la devida de Modesto de Valle las Casas 120
de la contrivución de Consumos 008
á Manuel de Castro 030
á Don Cayetano el Médico 032
á Fonso el barbero 007
al errero de La Mata 006
á Gapito Bayon 016 á Franco.
Tascon de Sta. Colomba 031
á Manuela de Castro 019
Suma el Total 972

y para que conste lo firmamos hoy dia 26 de mayo de 1883
Jose de Castro To. por Mateo Bayón - Manuel de Castro Lazaro de Castro - Matías Bayon"

SIGNIFICADO DE ALGUNAS PALABRAS Y ABREVIATURAS UTILIZADAS
Trevedes. Incorrectamente escrito: es trébedes. Aro o triángulo de hierro con tres pies, que sirve para poner al fuego sartenes, peroles, etc.
Escaño. Escañil. Banco con respaldo en el que pueden sentarse tres o más personas.
Tarima. Tablero de madera que sustituía al somier.
Cedazo. Instrumento compuesto de un aro y de una tela, por lo común de cerdas, más o menos clara que cierra la parte inferior. Sirve para separar las partes sutiles de las gruesas de algunas cosas, como la harina, arena, etc.
Vasal. Incorrecto: es vasar. Poyo o anaquelería o estantería de ladrillo y yeso u otra materia (mueble de madera) que, sobresaliendo en la pared, especialmente en las cocinas, despensas u otros lugares semejantes, sirve para poner vasos, platos, etc.
Emina. Incorrecto: es hemina. En la provincia de León, medida de capacidad para frutos, equivalente a algo más de 18 l.
Masera. Artesa grande que sirve para amasar.
Coral. Se supone que indica Corral como lugar del arado.
Vrazuelo. Incorrecto: es brazuelo. Pértigo de los carros en forma de Y.
Vanda. Incorrecto: Es banda. Llanta de la rueda.Armante. Suplemento de dos palos para el carro.
Vieldas. Incorrecto: Es bielda. Instrumento agrícola para recoger paja.
Escovo. Incorrecto: Es escobón. Escoba con palo grande. Escobo significa "matorral espeso" .
Cambas. Cada una de las piezas curvadas que forman el extremo de las ruedas del carro.
Escriño. Recipiente de forma circular usado para guardar productos agrícolas como harina, legumbres, etc.
Espadaderas. También Espadilla, que es instrumento para espadar, es decir, para macerar y quebrantar el lino o el cáñamo para sacarle el tálamo y poderlo hilar. Es una madera con púas de hierro.
Oces. Incorrecto: es hoces.
Troja. También se denomina así al escriño.
Orca. Incorrecto: Es horca.
Espedazada. Despedazada.
Talega. Saco o bolsa ancha y corta, de lienzo basto u otra tela, que sirve para guardar las cosas.
Llugo. Incorrecto: Es yugo.
Cornales. Correas para uncir los bueyes o vacas.
Melenas. Almohadilla que se pone a los bueyes y vacas bajo el yugo.
Vareno. Incorrecto: Es barreno.
Colmenos. Por colmena.
Vº. Vo. Abreviatura de vecino.
Nte., Mª, Ste., Pte. Abreviatura de los puntos cardinales: Norte, Mediodía o Sur, Saliente o Este, Poniente u Oeste.
To. Abreviatura de testigo.

22 de mayo de 2008

El Corpus en La Vecilla

Las verbenas y la procesión centran los actos del Corpus en La Vecilla.

Todo está ya preparado para que den comienzo las tradicionales fiestas del Corpus Christi que se iniciarán en tarde noche de mañana viernes en La Vecilla y que se van a prolongar hasta el próximo domingo. Una disco móvil servirá a partir de la medianoche de mañana para iniciar el jolgorio en la capital del Curueño con una verbena que se extenderá hasta bien pasada la madrugada.
Los actos del Corpus continuarán el sábado día 24 de mayo con las cucañas y los juegos infantiles a partir de las 18 horas, que darán paso a la degustación de la tradicional chanfaina y las sopas de ajo. La verbena musical nocturna correrá a cargo de la orquesta Beatles.
Ya el domingo, día 25, la jornada festiva contará con la misa solemne que comenzará a las 12 horas y seguidamente tendrá lugar la procesión por las calles de la localidad. Una vez finalizado el acto litúrgico, los vecinos y asistentes podrán disfrutar del baile vermú y la degustación de un vino español, en el que no faltarán los buenos embutidos de la zona, las tortillas y las empanadas. Este año, las fiestas están organizadas por un grupo de jóvenes de la localidad de La Vecilla dentro de una comisión de fiestas que está presidida por Mari Carmen García Robles acompañada de un incombustible número de jóvenes de la localidad: Tino, Eloy, Graciela, Tomás, Mariví, Mari Nieves, Celsa, Alfonso y Cel, que han puesto todo su empeño para que La Vecilla se convierta este fin de semana en un importante punto de referencia de la provincia leonesa.

«Las rosas de piedra» - Julio Llamazares

Julio Llamazares presenta hoy en la Catedral «Las rosas de piedra».
Le acompañarán el dibujante José María Pérez, «Peridis», y Juan Cruz
Elige su tierra natal para dar a conocer, a nivel nacional, este recorrido por los templos españoles
E. Gancedo. León

De León al mundo. Desde su valle de Vegamián, sacrificado, anegado, ahogado, desaparecido, al Madrid de la transición pasando por la mágica ribera del Curueño; los maquis, los lobos y las lunas; las soledades pirenaicas de Ainielle y las agrestes tierras del hermano Tras-os-Montes portugués. Ahora regresa Julio Llamazares con un intenso recorrido por las catedrales de España en Las rosas de piedra (editorial Alfaguara), libro que hoy presenta en su favorita, la de su tierra natal, la leonesa. Así, Llamazares elige León para la presentación, a nivel nacional, de esta nueva obra de viajes. El despliegue de medios va a ser importante: Renfe ha anunciado que traerá a la ciudad desde Madrid a más de veinte periodistas para que puedan cubrir el evento, en el que el autor estará acompañado por el arquitecto, dibujante y divulgador José María Pérez, Peridis, y por el periodista y escritor Juan Cruz. «La razón de que haya elegido las catedrales para este viaje es muy transparente -ha explicado el escritor-: la atracción que me han producido siempre esos fantásticos edificios que constituyen las cajas negras de nuestra historia. Conocerlas de verdad y no de paso, vivir dentro de ellas un día para sentir toda su belleza, al tiempo que se descubren sus secretos y leyendas, es lo que he hecho desde hace años para contárselo a mis lectores». «Éste es un viaje en el tiempo y en la geografía. Lo emprendí cuando empezaba el tercer milenio y lo acabaré algún día, espero, después de haber recorrido todas las catedrales de este país», escribe Julio Llamazares en el encabezamiento de este primer volumen de Las rosas de piedra , en el que se ha ocupado de las catedrales de la mitad norte de España.
El novelista completará el proyecto con una segunda parte en la que ya trabaja. Pureza y limpieza Desde la plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela, el mítico lugar «donde confluyen caminos y peregrinos», hasta el Vergel de Tortosa, el montañés Julio Llamazares dice superar sus «vértigos y claustrofobias» para visitar todas las catedrales de la mitad norte de España. «Después de ver tantas, la de la ciudad de León es la que más me gusta, por su pureza, por su limpieza, sin casas adyacentes, y porque soy de allí», aseguró el escritor en su día al Diario de León en una entrevista.

21 de mayo de 2008

LA MATA HACE 300 AÑOS.

Del número 96, invierno 2004, del periódico trimestral "La Mata de Curueño, un pueblo que nos une", escrito por Miguel Fuertes González, extraemos estos retazos de las constumbres de La Mata y pueblos limítrofes hace 300 años:

"En el mes de septiembre de 1980, en el nº 6 del Boletín, Fernando Sierra en un hermoso artículo describía a "La Mata de Curueño, palmo a palmo", redescubriendo dos siglos y medio de historia real. Relataba la composición de las familias casa por casa, "llamando de puerta en puerta y recorriendo palmo a palmo... haciendo alusión a tiempos pasados".
Asimismo, el Boletín ha publicado ocho artículos de D. Anastasio Alonso, desde los números 81 al 89, denominados "La Mata de Curueño, Concejo abierto", relatando aspectos referidos a la historia, al concejo, a la economía (ganadería, cultivos, etc.) y a la sociedad (taberna, fragua, barbería, etc.), asuntos que describían la actividad laboral en los siglos próximos pasados.
También, en el nº 90, verano de 2004, con motivo de las últimas elecciones municipales, se trascribieron algunos artículos de las Ordenanzas Municipales del ayuntamiento de Sta. Colomba y su término municipal de 1890, las cuales organizaban actividades propias de la vecindad en aquellos tiempos.

Más de siglo y medio anteriormente, en fecha de 28 de junio de 1723 se sancionó y aprobó la Ordenanza de Pardesivil del Valle del Curueño cuyo original se guarda en el Archivo Histórico Provincial y la fotocopia está en el archivo del ayuntamiento de Vegas del Condado, ya que en esta Villa residía el Gobernador y Justicia Mayor de la misma y de la Jurisdicción del Condado y Valle del Curueño. En su página web, se ofrece una trascripción actualizada, literaria y ortográficamente, realizada por Gregorio Boixo.
La existencia de esta Ordenanza permite prever que los demás pueblos también dispondrían de algún documento similar, ya que se conoce que una de las funciones de los regidores concejiles de cada pueblo era custodiar sus "alajas", entre ellas el libro aprobado de ordenanzas auténtico para que los vecinos así presentes como los venideros se gobiernen y sepan lo que es costumbre y bueno y no haya perjuros por no saber lo que es o no costumbre, y que las ánimas, por semejantes cosas no se pierdan...
Presentamos, pues, una selección de la normativa desarrollada a lo largo de los 77 capítulos (artículos) de que consta tal Ordenanza y que ofrece un recordatorio de las costumbres, obligaciones y derechos similares a las de los habitantes de La Mata en aquellas fechas, no reflejados en los anteriores escritos citados.
Es importante la referencia que la mayoría de las normas hace a la sanción o "pena" correspondiente por su incumplimiento o negligencia. Generalmente consistían en la entrega al Concejo del pueblo de una cantidad de vino para beber en las reuniones o entrega de cera para la iglesia. Las medidas de capacidad eran el cuartillo de azumbre que equivalía a medio litro, la azumbre o 2 litros, el barril igual a 2 azumbres o 4 litros y la cántara, que equivalía a 8 azumbres o 16 litros; entre las unidades de peso se utilizaba la libra, equivalente a 450 g (casi medio kilo) o 16 onzas; y de longitud la legua que era igual a 5,5 km.
Concejo
Aún continua la costumbre de que el presidente de la Junta vecinal convoque concejo, como reunión de vecinos para tener conocimiento de asuntos y adoptar acuerdos. Hace casi tres siglos se regían, entre otras disposiciones, de la forma siguiente:

Días de concejo. Todos los domingos del año, después de la misa del pueblo, se tenía la obligación de tocar a concejo para juntarse los vecinos a son de campana, ya que se nombraban "cuatro hombres desinteresados" que determinaban el gobierno para toda la semana. Asimismo, se daba cuenta de las diversas obligaciones establecidas entre los vecinos para el bien común.
También se convocaban otros concejos públicos según diferentes circunstancias determinadas en la Ordenanza. Se debía llegar al lugar del Concejo en un cuarto de hora desde donde se estuviere trabajando y en caso de no hacerlo, si algún vecino pidiera castigo para el ausente, el Regidor y otro hombre le buscaba y le exigía la prenda de vino correspondiente para llevarla al concejo.
No se podía tocar a concejo desde que se ponía el sol, salvo que fuera por quema del monte o casa habitada con sanción, en tal caso, al Regidor de media cántara de vino; además, los acuerdos así tomados eran nulos.
Estaba determinado bajo pena de media cántara de vino al Regidor que hiciera concejo durante la semana, a no ser que fuera día de santo o que se hubieren de repartir tributos del rey, "porque no se mal empleen los días de labor, que para esto son los días de santo para hacer concejo y castigar penas".

Acuerdos. Cualquier cosa que se acordaba por la mayor parte de los vecinos que conviniese para el bien común del lugar era ley y costumbre porque "suelen suceder muchas cosas que no estarán en las ordenanzas".

Compostura. Durante la sesión no se podía tratar mal de palabra a otro ni desmentirle, ni jurar el nombre de Dios ni de la Virgen porque "habiendo juramentos en el concejo nunca se dispone buena cosa", bajo pena de media cántara de vino; si se era rebelde se doblaba el castigo y si se fuera muy rebelde se daba cuenta a la Justicia, sancionando, además, con media libra de cera para el Santísimo.

Asistencia. No podían ir ni mujer ni mozo a beber bajo pena de un barril de vino si no era con "gusto de la mayor parte de los vecinos".
Los Regidores no podían faltar al concejo más de dos domingos con sanción de media cántara de vino, menos por estar malo, preso o a cinco leguas fuera del pueblo, "porque hay algunos que por no asistir y hacer concejo se salen del lugar..."
En un día de concejo no se podían beber más de tres cántaras de vino con pena de media cántara al Regidor que lo sacare.

Leer las ordenanzas. El primero de enero de todos los años se debía leer las ordenanzas que estaban en el archivo en público concejo "para saber sus capítulos y cómo se han de gobernar"; otro ejemplar estaba en mano de los Regidores para que "sepan cómo se han de gobernar" con pena de media cántara a los Regidores que no las leyeran o no mandasen leer cada año. El que las leía estaba invitado por los regidores nuevos con media azumbre de vino.

Actuaciones para el bien comúnA lo largo de la Ordenanza se determinan algunas actuaciones que los vecinos debían realizar como contribución al bien común de todos. Entre ellas se destacan las siguientes.
Plantar árboles. Cada vecino debía poner cada año en el mes de marzo seis árboles o los más que pudiere, frutales o no frutales, en sus heredades o en los propios del concejo; además, cada vecino debía tener un huerto de berzas y sembrar legumbres, como son habas, alverjas y nabos; si no se tuviere lugar de sembrar se debía pedir en público concejo que le señalaran vago, por ser útil al pueblo y "se quiten muchos de pedir o hurtar en los huertos o nabares de los demás vecinos". El que era rebelde a este cumplimiento se le podía castigar hasta con dos cántaras de vino.
Criar perros. Cualquier vecino que tuviere más de seis reses y dos docenas de ganado menudo, debía criar perro que fuera mastín para guardar el ganado; la sanción era de media cántara de vino, debiendo buscarlo dentro del mes, ya que se le doblaba la pena hasta que lo buscara.
Sembrar en el monte. Cualquier vecino podía romper y sembrar en el monte por espacio de cuatro cosechas sin pedir licencia y si era mayor terreno debería pedir lugar... "porque hay pobres que no tienen donde sembrar".
Hacer era en el campo. Cualquier vecino podía hacer era en las eras donde se acostumbraba con tal que la que tenía y ocupaba cada año la dejase barrida y limpia para el siguiente, ya que si no lo hacía así perdía el derecho y era castigado con media cántara de vino después de dos días de levantar la era. Dos vistores (¿inspectores?) nombrados por el Regidor observaban las eras a tal fin.
Limpiar las cocinas. Como solían suceder muchas desgracias de lumbre por falta de atención de cocinas, piérgolas (desvanes pequeños sobre las cocinas) y hornos, se debía evitar roturas o tener lino, paja o yerba encima o con el horno roto o mal compuesto, así que cuatro hombres vecinos, nombrados por el Regidor, visitaban las casas por "las pascuas de navidad de Nuestro Señor y por la pascua del Espíritu Santo"y si encontraban alguna de esas "tachas", declaraban el daño y se castigaba al dueño con media cántara de vino y se derribaba el horno con sanción de tres cántaras. Si tal hecho ocurría en casa del Regidor se doblaba la pena pues "a todos se le carga la conciencia y dará a Dios la cuenta".
Ofrecer caridad. Quienes tenían casa en el lugar y se consideraba como habitante por más de un año continuo, tenía la obligación de llevar a la iglesia y ofrecer caridad el domingo que le tocare bajo pena de media cántara.
Dar y hacer lumbre. No se debía dar lumbre a los niños que no pasaran de siete años, ni llevar entascos por su peligro, ni se amasara de noche porque eran peligrosos, salvo que hubiera necesidad grande; la pena era de un barril de vino.
Cortar encinas. Ningún vecino ni habitante del lugar podía cortar árbol de encina porque se necesitaban para la conservación del ganado menudo; en tiempo de invierno solo se podían podar con el fin de que el ganado pudiese comer dos ramas de cada encina; lo seco "no venga en carro sino a cuestas algún pobre, porque en el carro suelen traer dentro verde". La sanción era de media cántara.
Hacer otoños. Cualquier vecino podía hacer un prado de otoño, cerrarlo y guardarlo por su Provisión Real o sin ella, "por ser cosa que conviene para la conservación del lugar", el cual pueda gozarlo el vecindario del lugar y no ningún forastero, "aunque rogara y lo pagara por no convenir al lugar".
Asistir enfermos. Cuando había algún enfermo de peligro, fuera vecino o forastero, que no tuviera familia que le asistiese, el regidor mandaba, bajo pena de media cántara, que le asistieran dos vecinos de noche y dos de día y que se pidiera limosna si no tuviera para sustentarse; si no cumplieran así los regidores, se debía dar cuenta a la Justicia para que les multara por faltar a esta obra de caridad. Debería asistir a su entierro una persona mayor de cada casa, bajo pena de una azumbre de vino.
Mujer sin toca en la calle. La mujer, ya velada y casada, debía salir a la calle con toca o cobertura pues el castigo era de una azumbre de vino a petición de parte o sin ella, porque "se iba contra la honestidad y el desprecio del estado que Dios les dio".

Actuaciones para la conservación del pueblo.

Vecindades. Las vecindades consistían en disponer de tierras y prados en los pueblos. Ningún vecino podía cambiar heredad alguna de su vecindad para siempre con otro vecino, bajo pena de tres cántaras de vino para el concejo y anulación del trueque, porque "suele haber algunos que por ser pobres truecan algunos pedazos de la vecindad que tienen a otros vecinos y suelen algunos tener grandes vecindades y otros cortas demasiado en perjuicio del lugar y de la conservación de él y de lo que puede suceder". Cuando se deseaba hacer alguna permuta de terreno debían avisar y si había dos vecinos que se oponían el trato era nulo. Cuando algún vecino moría, su vecindad se le daba a la viuda y si no tenía o muriese una mujer sin marido se le daba al hijo mayor, prefiriendo el varón a la hembra, con tal que el varón fuese más pequeño que entonces se guardaba hasta que tuviera edad para administrarla. Si los hijos eran menores de 14 años se les guardaba, subastándola durante ese tiempo dando como derechos a los herederos dos cántaras de vino y cuatro hogazas de a cuatro libras. En caso de que alguna vecindad quedaba vacante y sin heredero forzoso se daba primero al hombre casado que al mozo soltero a no ser que quisiera ser vecino contribuyera con el concejo. La vecindad de quien fuese de afuera, ora porque tuviera hacienda en el lugar o porque se casara allí o por venirse aquí a vivir con su familia, no siendo del Valle, se le daba pagando lo que se acostumbra, que son tres cántaras de vino, tres panes de a cuatro libras y un queso de calidad, además de la condición de hijodalgo lo cual debía probar dentro de cuatro meses y si no lo probare dentro de ese tiempo, se le tenía por solo por asistente y no vecino, salvo que sea de la Jurisdicción y sea de sangre conocida. Para probarlo "han de ir dos vecinos y un escribano a su tierra ver y reconocer y sacar y traer un tanto de los padrones y justificarlos al concejo". A estos el peticionario debía “pagar cuatro reales cada día a cada uno de quienes fueren a la probanza”.

Taberna y mesón. La taberna del pueblo era subastada por todo el año en la fecha de tres domingos anteriores a S. Miguel (a primeros de septiembre); el mejor postor debía disponer de un fiador, y tenía la obligación de fiar a cada vecino una azumbre de vino por no más de ocho días. Debía disponer de todo el vino que le pudieran pedir los Regidores sobre prendas (sanciones) abonadas y si alguna vez el tabernero se resistía a dar vino a algún vecino el Regidor con dos o tres vecinos le castigaban con media cántara. Ningún vecino podía vender vino sin su licencia a menos que fuese una medida acordada. Cuando se subastaba la taberna se hacía lo mismo con el mesón en el pueblo y panadería para los pasajeros dándoselo al mejor postor, con la obligación de tener yerba, paja y cebada para las caballerías y pan para la gente; si no había mesón, los Regidores debían tener la prevención de que se cumpliera con esta obligación.

Veladores del llano y del monte. Desde que se sembraba el pan (cereales) debía haber un velador (guarda) que llamaban de llano (las tierras de la vega) con el fin de sacar el ganado que estuviere en la tierra o prado y traerlo al pueblo avisando al Regidor. La sanción era de dos cuartos por cada ganado mayor (vaca, buey o yegua) y un cuarto si ganado menor (cabra, oveja, marrana con marranitos hijos) aumentando la sanción si lo pedía el dueño. Si el sembrado estaba ya granado se doblaba la pena. Asimismo, era obligación del velador tocar el "Avemaría" al alba, desde primeros de abril hasta últimos de agosto, para que la "gente se levantara encomendándose a Dios que nos crió"; también debía "tocar a nube cuando la hubiere". Si no hiciera el roque de campana se imponía la sanción una azumbre o cántara de vino. Por la noche, el velador era acompañado del siguiente. El monte era guardado por dos veladores, determinados cada domingo, debiendo estar desde el alba hasta el oscurecer, con el fin, principalmente de que "no se cargara carro forastero". La sanción por incumplimiento de la guarda era de tres cántaras de vino. Se detallaba la forma de que todos los vecinos, hasta las viudas, cumplieran con la obligación de ser velador en los diferentes casos buscando la manera de ser sustituidos. Si algún carro, así forastero o del lugar, cargaba leña en el monte sin licencia, "tenga el guarda o cualquiera vecino el seguimiento como tenemos de costumbre de inmemorial tiempo a esta parte y siempre observado y guardado de ir siguiendo por la rodera y ver en qué lugar y casa entró dicho carro de leña, yendo de nuestros montes, y se castigue con la pena acostumbrada que son diez y ocho reales de día y el doble de noche, o uno de los bueyes". Cuando faltaba alguna persona o ganado se le iba a buscar de noche por algunos vecinos y se daban tres campanadas en señal de que había aparecido y estaba en casa.

Ir a la puente y a la quema de monte. Cuando se caía o se llevaba el río el puente se tocaba a concejo, se juntaba la madera con la ayuda de todos los vecinos con sus bueyes y carros, tardando hasta dos días, y una vez que bajaba el agua del río los vecinos construían de nuevo el puente para "conservación del lugar". Debían asistir los moradores y habitantes del pueblo, que no tenían la condición de vecinos. La sanción por ausencia a este trabajo en común era de un barril de vino para el concejo. Debía haber en el pueblo cota de madera que sirviera para hacer y "reficionar" el puente, estando amojonada y podada cuando conviniere, no pudiéndose cortar madera en ella para otro menester. Esta costumbre de trabajo en común se aplicaba, también, para "componer la fuente del lugar, la pasadera o caminos nuevos"; de forma similar se determinaba la obligación y sanción correspondiente para arreglar el puerto o lugar del río donde se sacaba el agua. Se tocaba la campana cuando había quema en el monte debiendo asistir todos los vecinos "a matar la lumbre" bajo pena de un barril de vino ya que para esto no había ningún privilegiado; si se averiguaba quien hacía el fuego se le echaba tres cántaras de vino y si había sido el pastor pagaba la pena a su amo a cuenta de la soldada; si era mucho el daño debía estimarse y pagarlo el reo si tenía caudal.

Presas y cerrar fronteras. "Como es útil y provechoso regar huertas y huertos y heredades regantías, y lo que Dios no quiera, si sucede un incendio por ser cosa fatal" los arroyos y presas, así como las cabeceras, debían estar limpios o desocupados; se tocaba campana para hacer la hacendera que se hacía desde primeros de abril. Cada grupo de vecinos hacía este trabajo en la zona donde tenían necesidad de agua de riego, siendo la sanción por "no ir cada uno a su presa" con un azumbre e vino a quien no asistiera. Cuando se sacaba el agua del puerto cada particular debía tener limpia la cabecera de su prado y las hacenderas hechas según se acostumbra; y el pueblo tenía la obligación de hacer los brocales de las presas de camino por donde se iba a echar el agua. Todos los vecinos debían ayudar a regar los vagos de servendos o tempranos, bajo sanción de un barril de vino. Como se sembraba en el vago lino y carricasa, la presa debía pasar por las tierras de unas a otras y no se podían arar ni cerrar bajo pena de un barril de vino. La pena era de un azumbre de vino por cada día que no estuviera limpia desde que se mandaba. No se podía quitar el agua de otro desde que se ponía el sol de abril a junio porque “quitándose el agua fuera de hora se hielan los prados” bajo sanción de media cántara de vino. Se debían cerrar fronteras cuando lo acordaba el concejo, siendo las primeras las que están a la orilla del camino real (carretera actual) declarando que eran fronteras cualquier casa o huerta de cualquier particular. Quien no lo hiciera tenía sanciones aumentadas reiteradamente y "si por mal cerrado se hiciere por allí el daño pague la pena que deba la res que entrare al daño". Se sancionaba con un barril de vino a quien se cogiera quitando o deshaciendo alguna sebe que no fuera suya o con licencia del dueño.

Veceras. Cuando en el pueblo no se contrataba vaquero que guardase el ganado, el "mayor o más suficiente de la casa" debía suplir al pastor y hacer sus veces. Se determinaba en las Ordenanzas con todo detalle la forma de realizar dichas veceras, los caminos por donde llevar al ganado, los lugares de pasto, así como las sanciones correspondientes a la guarda de cada tipo de ganado. Se realizaban la guarda o veceras del ganado, mayor y menor, que existía en el pueblo. En general cada vecino debía hacer la vecera un día por cada cabeza de ganado que llevaban al monte. La duración del cuidado era desde al salir el sol hasta después de la puesta del mismo; el pastor debía estar en el puesto donde saliera (un barril de vino si no estuviere) y junto la mayor parte del ganado ir hacia el lugar señalado. El primer tipo de ganado en salir eran las vacas con los jatos llamados" arrimadizos", seguidas de las yeguas junto a los potros pero a la vuelta estas venían delante; también iban los demás jatos, los cuales, en verano, se les podía "traer a siesta cuatro horas no más a una casa y luego a buena hora se los lleve a comer donde acordare el concejo". La vecera de bueyes de labranza se hacía por dos vecinos entrando mayo hasta que se acabasen de llevar los frutos a la eras, en un coto especial, llamado coto boiriza. Para el ganado menor se hacía la vecera correspondiente; así para los marranos, cuando lo pidieran donde dos o tres vecinos, se hacía donde los jatos aunque no se les traía a sestear porque “se quedan muchos a las tardes y se suelen ir a hacer daño"; cuando hozaban los prados o se hallaban de noches en las tierras se sancionaba duramente. La vecera de ganado cabrío y ovejuno se entendía de "medias corridas hasta seis cabras o cabezas y entera si de allí arriba" y se realizaba por dos vecinos; lo mismo para los cabritos y corderos la cual debía "comenzar el lunes de la flor y durar hasta primeros de julio", pudiéndoles traer a siesta. También, se regulaba la guarda de marones (macho cabrío) así como para el toro o semental que cada pueblo debía tener. En general, la sanción por mala guarda, pérdida de animal o la llevare el lobo, si se "perniquebraban", rompimiento del coto, etc., era de un azumbre, cántara hasta barril de vino, doblándose las sanciones cuando mayor era la negligencia. Cuando se traía ganado de afuera, cualquiera que fuese, se debía enseñarlo a dos vecinos antes de entrar en casa para que viesen si tenía alguna enfermedad contagiosa, bajo pena de una azumbre de vino y los daños.

Tributos y Foros. Los tributos estaban repartidos en cada tiempo por los regidores y éstos, dar cuenta, pagarlos y sacar las cartas de pago cumpliendo cada uno a su tiempo sin dilaciones para que los siguientes lo hicieran. La sanción por no hacerlo era de media cántara de vino. Los foros de pan y leña que se pagaban a dueños de afuera (seis cargas de pan y veinte carros de leña puestos en la ciudad de León, en el caso de Pardesivil) según estaba aforado para siempre; se debían llevar antes del día de S. Miguel de septiembre cumpliendo los vecinos que estaban mandados, bajo sanción de media cántara de vino. Los foros de las vegas debían pagarlos las heredades que las tenían y los que faltaban se repartían entre vecinos y moradores del lugar, haciéndolo un año un vecino y otro uno de vecindad, debiendo estar repartido y cobrado cuando viniera el administrador. La sanción por no hacerlo era de un barril de vino. Quienes no eran vecinos o medio vecinos, como “forasteros que se vienen a vivir por valerse de oficios que sabían y personas naturales del pueblo que viven sobre sí”, como se dice, debían pagar la cuarta parte de los tributos y foros de lo que pagase un vecino. En el pueblo debía existir un libro "en folios de cuartilla de tres o cuatro manos de papel y en llenándose se compre otro", con el fin de asentar todas las cartas de pago de los tributos que se pagaban, el cual estaba en poder de los regidores.

Nota. Las Ordenanzas que los concejos y vecinos de los pueblos del Curueño, desde La Cándana hasta Devesa y desde Vegas hasta Villafruela y Villarratel se daban por aquella época, se debían registrar ente la notaría de Vegas del Condado, ya que constituían la Jurisdicción del Condado y Valle del Curueño.