27 de agosto de 2010

Disfraces

La tarde del jueves la dedicamos a los disfraces. Se recorre el pueblo visitando las casas y solicitando pastas, bizcochos y demás para la chocolatada posterior, en las inmediaciones del teleclub.


El río Curueño

Aunque el río Curueño baja con poca agua, para combatir los calores estivales lo mejor es darse un chapuzón por la tarde, después de la siesta. En el pozo de los asturianos, el campamento Jumavi coloca unas compuertas a modo de piscina artificial, es nuestra pequeña playa.

Hacendera


La mañana del miércoles antes de la fiesta se realiza la hacendera, trabajo al que acude todo el vecindario, por ser de utilidad común, para embellezar y engalanar el pueblo.
Se limpió y adecentó el casco urbano y, a continuación se celebró una comida de confraternización en el teleclub, en la que cada familia aportó su granito de viandas. Lo importante es continuar con el lema "La Mata de Curueño, un pueblo que nos une".

Preparando los bailes


La segunda quincena de agosto son días de gran ajetreo en La Mata con los preparativos de las fiestas en honor de San Martin, nuestro patrono. Todos intentamos acercarnos durante esos días al pueblín y disfrutar con los matenses.
Es habitual encontrar a la entrada de alguna casa o del teleclub una concentración de bicicletas, unas bien aparcadas, otras, con las prisas, tiradas en cualquier sitio. En este caso, las bicis nos llevan a los ensayos del grupo de danzas "Los Cantarales", que preparan con esmero los bailes populares, sobre todo "Los titos de Corbillo" que bailan los más peques y que son el inicio de una larga andadura con los bailes de la tierra. De momento, solo es el grupo de danza casi al completo, pues aún andan corrigiendo defectillos. En las fiestas disfrutaremos su buen hacer.

La Voz de Sopeña


La Asociación Cultural y Recreativa “La Nogalona”, de Sopeña de Curueño (León) acaba de sacar a la luz el número 15 de su boletín cultural “La Voz de Sopeña”, con el patrocinio de Caja España y coordinada por la periodista Eva González. Con este son ya dieciséis años los que cumple la publicación, que se suma a otras revistas referentes en esta zona del Curueño.
“La Voz de Sopeña” es un boletín anual, que se pone a la venta cada verano en el propio local de la asociación.
La edición 2010 cuenta con los relatos de una serie de colaboradores habituales, como es el caso de Ruth Juárez, Isidro González, Saturnino Díez y Jesús Díez. Rescatando la memoria del Curueño leemos en el número textos como el titulado “La cultura del lino”, de Laureano González, y otros que recogen aspectos sobre la tradición oral, traídos a estas páginas por Amancio Juárez. El número 15 ofrece una recopilación de artículos sobre la zona con títulos como “El valle de Ciñera”, “Sopeña 1960-1970” y una sección con relatos sobre el Curueño y sus gentes. Todo acompañado de una selección de fotografías, entre las que se encuentran algunas imágenes de antaño, recopiladas en el valle del Curueño por Eva González Baragaño.
La sección “El pueblo habla” trae consigo este año los textos de numero¬sos vecinos, que han puesto su granito de arena en este proyecto que, como otros que circulan por la zona, permite tener cada año en nuestras manos un variado compendio de la historia, los lugares y las gentes del valle del Curueño. Todos aquellos que quieran colaborar pueden dirigirse a la asocia¬ción a través del correo lavozdesopena@gmail.com.

17 de agosto de 2010

Fiestas 2010

Como es habitual, en la última semana de agosto, del 22 al 29, celebraremos las fiestas de La Mata en honor de San Martín.
Sobresale el corro de aluches, una tradición en nuestro pueblo desde hace más de cincuenta años, que supone mucho gasto para un pueblo pequeño. Pero la verdadera fiesta estará en los actos populares, como la ronda popular en el corral de las sopejas, los dulzaineros, el desfile de disfraces, los juegos de cartas, la comida popular en el campamento, el grupo de danza Los Cantarales de La Mata, la misa por los difuntos, la procesión de San Roque con el pendón de La Mata, las verbenas, ... y tantas otras actividades, sin olvidar el homenaje a nuestros mayores que cumplen 80 años, el domingo 29 de agosto, después de la misa. Este año corresponde homenajear a aquellos matenses nacidos en 1930:

JOSEFA BAYÓN GARCÍA. Nació el 26 julio y sus padres fueron Cayetano Bayón y Josefa García, naturales de S. Vicente del Condado y Barrillos de Curueño, (ella falleció al día siguiente). Labradores. Los abuelos paternos: Cornelio Bayón y Teresa Campos, de La Mata y Valduvieco; abuelos maternos: Emilio García y Cristina Robles, de Villamayor del Condado y de Barrillos, vecinos del mismo. Padrinos: Virgilio Bayón y Filomena Bayón. Testigos: Sergio Castro y Valerio Robles. Matrimonio en Sta. Marina la Real de León el 31 marzo 1955 con Pablo Díez Moro. Vive en Madrid.

ANTONIO RODRÍGUEZ CASTRO. Nació el 20 agosto. Es hijo de Ruperto Rodríguez y Mª Nieves Castro, de Pardesivil y La Mata. Labradores. Casados en La Mata y tuvo como abuelos paternos a Gregorio Rodríguez y Aureliana Redondo de Valderrueda y de Pardesivil; como abuelos maternos a Sergio Castro y Teresa Robles, de Barrillos y La Mata. Figuran como Antonio Llamera y Teresa Castro; y como testigos Sergio Castro y Adolfo Fernández. Se casó con Mª Rosario Sierra Álvarez, hija de Esteban y María en La Mata el 9 enero 1955, ya fallecida. Vive en León, pero pasa largas temporadas en La Mata.

MARÍA ROSARIO SIERRA ÁLVAREZ nació el 30 agosto, siendo sus padres Esteban Sierra y María Álvarez, ambos de La Mata y labradores. Los abuelos paternos fueron Rogelio Sierra y Florinda Castro, de La Mata; los abuelos maternos, Faustino Álvarez y Victoria Gutiérrez, de La Mata y Correcillas, vecinos de La Mata. Ejercieron de padrinos Félix Álvarez y Modesta Álvarez y como testigos, Francisco y Adolfo Fernández. Casada con nuestro vecino Antonio Rodríguez Castro, falleció en León el 7 de septiembre de 1975.

ARACELI CONSUELO LLAMERA RODRÍGUEZ. Nació el 7 diciembre. Es hija de Anilo Llamera y Mª Consuelo Rodríguez, de Pardesivil, labradores, casados en Pardesivil y vecinos un tiempo de La Mata. Sus abuelos fueron: paternos, Antonio Llamera y Antonia González, de Pardesivil y Pardavé; los maternos, Gregorio Rodríguez y Aureliana Redondo, de Valderrueda y Pardesivil. Tuvo como padrinos a Teodoro Fernández y Araceli Llamera, ambos de Pardesivil, y como testigos, Ruperto Rodríguez y Eladino Díez, de La Mata. Se casó con José Luis Fariñas García en la parroquia de S. José de León el 27 mayo 1953. Vive en León.

MARÍA DEL CARMEN GARCÍA CÁRMENES, hija de Amalio y Luzdivina, nació el 4 de octubre en Candanedo donde fue a dar a luz su madre, natural de allí, pero vivió su infancia y juventud en La Mata hasta su matrimonio el 17 de noviembre de 1951 con Nicanor García Largo en que fueron a vivir a La Vecilla.

MERCEDES GARCÍA PÉREZ nació en Avilés el 24 de mayo. Hija de Gregorio García Bayón, natural de La Mata y de Mercedes Pérez Álvarez, de Avilés. Desde niña ha pasado temporadas en el pueblo y, particularmente, desde su matrimonio con Celestino González Álvarez, Tino, el 3 de febrero de 1934, su casa de el Campillín ha acogido a su familia.

SALVADOR FERNÁNDEZ PRIETO, aunque nacido en Sopeña el 2 de agosto, por su matrimonio con nuestra vecina Mª Ángeles Fernández Castro, hija de Antonio y Ovidia, el 10 de septiembre de 1966 se considera como Hijo del Pueblo. Sus padres fueron Aniceto Fernández y Felicidad Prieto, vecinos de la citada Sopeña de Curueño. Viven en Madrid.

JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ DÍEZ nació en Robles de Torío el 10 de enero, siendo hijo de Juan, natural de Robles y de María Dolores, de Pardesivil, aunque vivió la infancia y juventud en La Mata junto con su madre y sus hermanos hasta que se trasladó a Bilbao para trabajar y donde se casó con Gloria del Valle Hortal el 8 de octubre de 1959; residen en la citada localidad.

MARIA LUISA BAYÓN CUERVO, aunque nacida en Veneros (Boñar), el 21 de enero de 1930, porque su padre trabajaba en la mina, pronto vinieron para La Mata, donde se crió con sus hermanos.

Comunidad de regantes

La comunidad de regantes de la "Presa grande" de Pardesivil y La Mata comunica en el tablón de anuncios la derrama a pagar por los propietarios de fincas para la realización del puerto para regadio.
También señala en otro comunicado "la corrida" de aguas para regar las parcelas de La Mata, dada la escasez de agua del río Curueño.

Celebración de Concejo

En el tablón de anuncios del Teleclub se ha convocado a los vecinos de La Mata para la celebración de un concejo el 15 de agosto, adomingo, a las 12 horas, para informar, entre otros, del estado de cuentas, obras realizadas y a realizar, corta de pinos y de robles, limpieza del cauce del río, inauguración de la Casa de Cultura y otros asuntos de interés general.

14 de julio de 2010

Boletín 118

Puntual a su cita trimestral llega nuestro querido boletín "La Mata de Curueño, un pueblo que nos une" después de 32 años. Se ha publicado el número 118 correspondiente al Verano 2010.
En las veinte páginas de la publicación se continúa el  amplio reportaje sobre la iglesia parroquial iniciado en el número anterior; tambien, como siempre, el relato pormenorizado de Mª Jesús Álvarez del discurrir de abril, mayo y junio de 2010 en el pueblo; se da cuenta del "Imbentario de las Alajas que tiene la Yglesia de S. Martín de La Mata de Curueño" realizado por el párroco D. Pedro González en 1851; Agustín Bayón, en Historias prestadas, nos habla sobre los motriles que conoció en el pueblo, ...
Conocemos los nacimientos, bodas, comuniones, defunciones y otros acontecimientos del trimestre. Asimismo encontramos el editorial sobre la vuelta al campo. Y más, mucho más.
También  incluimos la versión en pdf del boletín 118.

7 de julio de 2010

Historias prestadas

En el número 117 del delicioso periódico trimestral, nuestro querido boletin "La Mata de Curueño, un pueblo que nos une", recuerda Ruperto Rodríguez Castro sus años escolares, allá por los años cincuenta...
La escuela vieja
Mis años en la escuela se desarrollaron alrededor de los años 50. Se comenzaba a ir con 6 años y se permanecía hasta los 14, aunque algunos, como yo, nos íbamos antes para hacer estudios en otro lugar o les sacaban los padres para comenzar muy pronto la vida de trabajo ayudando en casa o haciendo de criado en otra.
Destaco algunas “historias” de mis pocos años en la escuela vieja y en la “nueva”, ya que me tocó estrenar la habitación que hizo de aula en la Casa del Maestro, que conocemos, ya restaurada, como Teleclub.
Jueves. Dibujo. Como siempre se me dio bien el dibujo, el primer recuerdo es para la clase que sobre esta actividad nos daba D. Delfino, del que guardo un buen recuerdo como del mejor de los maestros. Los jueves, al llegar a la escuela, tenía el encerado grande, que estaba en la pared al subir la escalera, lleno de dibujos que luego teníamos que intentar hacer. Con tizas de colores allí aparecían variedad de casas, castillos, paisajes, etc. según correspondiera. Me empeñaba en copiar lo mejor posible y disfrutaba de lo lindo guardando mis dibujos como algo que me gustaba mucho. Este afán me sirvió luego para mi actividad laboral.
Recuerdo con agrado, las clases de caligrafía, por el esmero que nos hacía poner para copiar palabras y textos con aquella letra “inglesa” que a tantos nos mejoraría la letra para nuestra escritura posterior.
Hoy, sin comer. Así nos castigó un día Dª Sebastiana cuando yo tendría unos 10 años, y Monse y Plácido, mis dos compañeros de alguna fechoría hecha aquella mañana; sería por no saber la lección o por hablar entre nosotros o por no obedecer algo que nos dijera. Así que se fueron todos a comer y nosotros a ver la forma de escaparnos.
Había en el exterior de una ventana como dos salientes de madera en forma de estaca (hasta este año aún resistían el tiempo) y aferrándonos fuerte con las manos, saltamos como unos tres metros. Luego, a comer corriendo y volver a estar dentro para cuando volviera la maestra. Alguien que no recuerdo bien (quizá Gaspar) acercó una escalera por la cual subimos.
Cuando llegó Dª Sebastiana nos perdonó y nos dejó “ir a comer”. Por supuesto que nos fuimos no a comer, claro, sino para hacer tiempo y volver antes de iniciar la clase de la tarde.
Recreos. Teníamos tan solo un recreo a media mañana, ya que por la tarde los juegos los hacíamos al salir de clase y antes de irnos para casa. Nuestro lugar era la Plazuela donde se sucedían, a lo largo del año, los diversos juegos de “temporada”.
Recuerdo el de “los cartones”. Nos hacíamos, como podíamos, con los billetes de tren minero o de La Vecilla e, incansables y con ganas, tirábamos contra la pared para ver quien los dejaba más cerca y ganaba, aumentado la colección propia. El calvo nos apasionaba, así como el marro y algunos más.
En los largos y duros inviernos “el resbalete” por el hielo y barro helados era lo nuestro. Por la tarde, nos íbamos a las Colineras, utilizando, sacos, nos tirábamos una y otra vez por aquellas laderas heladas. No nos hacían falta los trineos de ahora.
Titiriteros. En ocasiones, una o dos veces por año, se presentaban un grupo de titiriteros para representar ante los niños y mayores sus repertorio. Así que en la planta baja de la escuela, que hacía de bodega, carbonera y más, nos sentábamos en el suelo que era de tierra, bien apretados, y asistíamos, asombrados, al ensueño de las obras de teatro y de juegos que llevaban nuestra imaginación a lugares alejados de nuestro pueblo.
Realmente, era un día de fiesta aquellas sesiones. Lo que nos desagradaba mucho a los más pequeños era cuando anunciaban que por la carretera venían los “húngaros” que iban de un lugar a otro con algún animal y a veces paraban en la plaza.
Comer algarrobas. Aluna vez se presentaron en el pueblo un grupo de militares que conducían mulos y debían hacer prácticas de rastreo o de vigilancia por los alrededores o algo así. Estaban 10 ó 12 días ocupando la Plazuela del pueblo, dormían en pajares de las casas próximas y a los animales los ataban enfrente en la calle de la escuela. Lo que más disfrutábamos de la novedad era que los soldados nos daban a comer algunas algarrobas que traían como alimento de los animales. Como eran de sabor dulce conseguir algún “postre” de aquello nos suponía una buena aventura.
Con la regla en los dedos. Tengo buenos recuerdos de los maestros y maestras que tuve, pero de uno de ellos, que estuvo poco tiempo como sustituyendo a otro maestro, me viene a la memoria el daño que nos hacía cuando nos pegaba en los dedos de la mano con la regla, aun siendo muy pequeños. Ese dolor en las manos lo recuerdo muy vivo cuando pienso o hablo de aquellos años que, en general, fueron muy felices para gran mayoría.
Eran tiempos en los que aún perduraba aquello de “la letra con sangre entra”, pero, en la mayoría de las ocasiones, creo que nos pegaba no tanto por hablar o hacer trastadas o no estar atentos y alguna vez por no saber la lección, sino que nos “daba leña” a todos los alumnos, porque tenía un carácter como renegado y muy agriado. Esas costumbres de pegar hace tiempo que desparecieron.